Pocas cosas parecen tan sencillas como una lágrima. Puede aparecer al cortar una cebolla, cuando una partícula de polvo entra al ojo, durante una risa inesperada, frente a una película o después de una noticia capaz de cambiar el rumbo de un día. Sin embargo, detrás de ese pequeño volumen de líquido existe un sistema extraordinariamente complejo, diseñado para proteger una de las superficies más delicadas del cuerpo humano: la superficie ocular.

 

La lágrima no es únicamente agua acumulada en los párpados. Es un biofluido dinámico compuesto por agua, electrolitos, proteínas, mucinas, lípidos, metabolitos, inmunoglobulinas, mediadores y ácidos nucleicos. En conjunto, estos elementos forman una película microscópica que cubre la córnea y la conjuntiva. Gracias a ella, la superficie anterior del ojo conserva una geometría óptica regular, permanece lubricada, recibe nutrientes y oxígeno, elimina partículas y mantiene mecanismos de defensa frente a microorganismos.

 

Aunque solemos advertir las lágrimas cuando se derraman por las mejillas, la mayor parte de su actividad transcurre sin que la percibamos. Cada parpadeo extiende y renueva una capa muy delgada sobre el ojo. Esa capa disminuye la fricción entre párpado y córnea, estabiliza la visión, retira desechos y ayuda a sostener la transparencia necesaria para que la luz alcance las estructuras encargadas de procesarla.

 

Las lágrimas también han atraído la atención de médicos e investigadores. Al contener proteínas, lípidos, metabolitos y ARN, podrían funcionar como una especie de biopsia líquida mínimamente invasiva. Esto significa que una muestra lagrimal puede proporcionar pistas sobre la superficie ocular, la actividad de las glándulas y algunos procesos biológicos. Sin embargo, encontrar una molécula en una lágrima no significa automáticamente que esta pueda utilizarse como una prueba diagnóstica confiable. Entre el descubrimiento de un marcador y su uso clínico existe un recorrido largo que exige validación, estandarización y demostración de utilidad real.

Imagen. Reconstrucción de una lágrima vista tras un microscopio óptico 

Una película microscópica indispensable

La película lagrimal cubre la porción anterior del ojo y posee un grosor de apenas unos micrómetros. Un micrómetro corresponde a una milésima de milímetro, por lo que se trata de una estructura extraordinariamente delgada. Aun así, funciona como una interfaz esencial entre el ambiente y los tejidos oculares. No es una capa inmóvil: se extiende, se mezcla, se rompe y se reconstruye continuamente con cada parpadeo.

Durante años se enseñó que la película lagrimal estaba constituida por tres capas independientes: mucosa, acuosa y lipídica. El modelo contemporáneo describe una fase mucoacuosa continua, en la que las mucinas aumentan su concentración hacia el epitelio, cubierta por una capa lipídica superficial. Esta forma de entenderla refleja mejor la interacción entre los componentes y evita imaginar cada fracción como un estrato aislado.

La fase mucoacuosa contiene agua, iones, proteínas, metabolitos y mucinas solubles. Su origen principal se relaciona con la glándula lagrimal principal, las glándulas accesorias y la

conjuntiva. Cumple funciones de lubricación, nutrición, limpieza, defensa y soporte óptico. Sobre las células de córnea y conjuntiva existe además un glucocálix con mucinas de membrana, como MUC1, MUC4 y MUC16, que favorece la humectabilidad y permite el anclaje funcional de la fase acuosa.

La capa lipídica procede principalmente de las glándulas de Meibomio, localizadas en los párpados. Contribuye a extender la película, reducir su colapso y disminuir la evaporación. Sin embargo, no actúa por sí sola. La estabilidad lagrimal depende de la interacción entre lípidos, proteínas, sales, mucinas, superficie epitelial y dinámica del parpadeo. Decir que una única capa evita toda la evaporación simplifica en exceso un sistema que funciona como una red coordinada.

En condiciones de reposo, la secreción lagrimal suele situarse aproximadamente entre 1 y 2 microlitros por minuto. El pH medio se aproxima a 7.4 y la osmolaridad del menisco lagrimal ronda 300 mOsm/L, aunque estos valores pueden variar entre personas, a lo largo del día y según el método de medición. Esta variabilidad es importante: un resultado aislado debe interpretarse con cautela y dentro de un contexto clínico.

Composición química: un sistema de defensa y soporte

El agua constituye la mayor parte de las lágrimas, pero no explica por sí misma sus propiedades. Entre los iones principales se encuentran sodio, potasio, cloro y bicarbonato; también pueden hallarse calcio, magnesio y fosfato. Estas sustancias ayudan a mantener la osmolaridad, amortiguan el pH y sostienen el volumen y la función del epitelio ocular. El potasio está enriquecido respecto al plasma, un hallazgo compatible con la participación de transporte glandular activo.

Cuando disminuye la secreción acuosa, aumenta la evaporación o coinciden ambas situaciones, la lágrima puede concentrarse en exceso. Este fenómeno, denominado hiperosmolaridad, favorece estrés epitelial, inflamación y alteraciones de las uniones celulares. Por ello se considera un mecanismo central en el ojo seco. No obstante, la hiperosmolaridad no identifica por sí sola la causa del problema: puede representar el resultado final de distintos desequilibrios en la secreción, los lípidos, el parpadeo o la superficie ocular.

Las lágrimas contienen una gran diversidad de proteínas y péptidos. Los estudios basados en cromatografía líquida y espectrometría de masas han identificado más de 1,500 proteínas, aunque pocas especies concentran una proporción importante de la masa proteica. La lisozima participa en la defensa frente a bacterias; la lactoferrina secuestra hierro y presenta actividades antimicrobianas, antioxidantes y antiinflamatorias; la lipocalina-1 transporta lípidos hidrofóbicos y contribuye a la estabilidad interfacial.

La inmunoglobulina A secretora ayuda a impedir la adhesión de patógenos sin desencadenar una inflamación desproporcionada. La lacritina participa en supervivencia epitelial, secreción

y homeostasis. Las defensinas, el complemento y la fosfolipasa A2 amplían las defensas innatas, mientras que factores de crecimiento como EGF favorecen reparación y migración del epitelio. Citocinas y quimiocinas coordinan la vigilancia inmunitaria; su elevación persistente puede acompañar estados patológicos, aunque no es necesariamente específica de una sola enfermedad.

Las mucinas son glicoproteínas altamente O-glicosiladas. MUC5AC, secretada principalmente por células caliciformes conjuntivales, se integra a la fase acuosa. MUC1, MUC4 y MUC16 forman parte del glucocálix de las células corneales y conjuntivales. Estas moléculas aumentan la humectabilidad, disminuyen la fricción y crean una barrera frente a desecación y microorganismos. Podrían compararse con un sistema de anclaje molecular: permiten que el componente acuoso se distribuya de manera adecuada sobre una superficie que, de otro modo, no retendría el fluido con la misma eficiencia.

Los lípidos meibomianos incluyen ésteres de cera y colesterol, especies anfipáticas, triglicéridos, ácidos grasos, fosfatidilcolina, fosfatidiletanolamina y esfingomielinas. La composición exacta depende del método de extracción y análisis. Además, la lágrima contiene glucosa, lactato, urea, aminoácidos, nucleótidos, creatina, taurina, carnitina, acilcarnitinas, eicosanoides, esteroides y metabolitos de medicamentos. La presencia de glucosa, por ejemplo, no significa que una medición lagrimal pueda sustituir directamente a la glucemia.

También se han detectado ADN, ARN mensajero, microARN, ARN ribosomal, ARN de transferencia y otros ARN no codificantes. Parte de este material viaja dentro de vesículas extracelulares, pequeñas estructuras que protegen su carga y pueden conservar señales de las células de origen. Este hallazgo ha impulsado el estudio de las lágrimas como una matriz para proteómica, transcriptómica, metabolómica y otras ciencias ómicas.

Imagen. Composición de las principales moléculas de la película lagrimal

Tres tipos de lágrimas, una misma unidad funcional

Las lágrimas suelen clasificarse como basales, reflejas y psicoemocionales. Esta clasificación es funcional y no implica la existencia de tres líquidos anatómicamente separados. Las tres categorías reciben aportaciones de la unidad lacrimal, pero difieren en el estímulo que las inicia, la magnitud de activación neural y el flujo que generan.

Las lágrimas basales se producen de manera continua. Mantienen una superficie óptica regular, lubrican el ojo, proporcionan nutrición y defensa, y contribuyen a la homeostasis. En ellas se encuentran proteínas antimicrobianas, inmunoglobulina A, mucinas, iones, lípidos y metabolitos. Aunque rara vez llamen la atención, son las responsables de conservar la superficie ocular en condiciones adecuadas durante las actividades cotidianas.

Las lágrimas reflejas aparecen ante polvo, humo, viento, frío, luz intensa, cebolla, cuerpo extraño, dolor ocular o estimulación nasal. Su principal función es diluir y expulsar irritantes. Como el caudal aumenta, muchos analitos pueden quedar más diluidos. Algunos estudios han descrito cambios relativos en ciertas proteínas, pero la composición depende del flujo y del protocolo de recolección.

Las lágrimas psicoemocionales pueden acompañar tristeza, duelo, frustración, miedo, impotencia o sensación de sobrecarga; también pueden surgir ante alegría intensa, alivio, reencuentro, empatía, logro o experiencias estéticas. El estrés no constituye una cuarta categoría química independiente: puede favorecer el llanto cuando se experimenta como amenaza, pérdida de control o saturación emocional.

La idea de que las lágrimas emocionales tienen una bioquímica completamente exclusiva debe tratarse con prudencia. En estudios proteómicos recientes se identificó un amplio solapamiento entre lágrimas emocionalmente estimuladas y lágrimas recolectadas de forma convencional. Se detectaron diferencias cuantitativas y un grupo de proteínas enriquecidas, pero más de 90% de las proteínas identificadas se compartieron entre ambos tipos de muestra. El flujo, el contexto y el procedimiento de recolección pueden influir de forma importante en la comparación.

También conviene evitar una afirmación popular: detectar cortisol, prolactina, ACTH, manganeso o péptidos en lágrimas no demuestra que llorar “desintoxique” al organismo. No se ha establecido de manera suficiente que la cantidad excretada tenga un impacto sistémico relevante ni que explique causalmente la sensación de alivio posterior. La regulación emocional después de llorar es heterogénea y depende de la resolución del problema, el apoyo social, la salud mental y el tiempo transcurrido.

Producción y secreción

La glándula lagrimal principal es bilobulada y se localiza en la región superotemporal anterior de la órbita. Sus acinos, células mioepiteliales y conductos producen y modifican agua, electrolitos y proteínas. Las glándulas accesorias de Krause y Wolfring, situadas en la conjuntiva, también contribuyen, especialmente al flujo basal.

Sin embargo, las lágrimas no proceden de una sola estructura. El componente acuoso deriva principalmente de la glándula lagrimal principal y de las accesorias; las mucinas secretadas provienen sobre todo de las células caliciformes conjuntivales; las mucinas de membrana corresponden al epitelio corneal y conjuntival; y los lípidos se originan principalmente en las glándulas de Meibomio. Proteínas inmunes adicionales pueden proceder de células plasmáticas y leucocitos asociados a la superficie ocular.

El parpadeo distribuye la película y activa la bomba lagrimal. El fluido se desplaza hacia el canto medial, entra por los puntos lagrimales superior e inferior, atraviesa los canalículos, llega al saco lagrimal y continúa por el conducto nasolagrimal hasta desembocar en el meato inferior nasal. Durante el llanto intenso, el flujo supera tanto la retención palpebral como la capacidad de drenaje; por ello las lágrimas recorren las mejillas y puede aparecer rinorrea.

Este recorrido demuestra que el parpadeo no es un movimiento trivial. Mezcla y distribuye los componentes de la película, contribuye a su renovación y favorece su eliminación. Alteraciones del parpadeo, su frecuencia o su amplitud pueden contribuir a la evaporación y a la inestabilidad de la superficie ocular.

La secreción lagrimal está controlada por un arco sensorial-autonómico. Las terminaciones libres de la córnea y la conjuntiva detectan desecación, enfriamiento, hiperosmolaridad, lesión, sustancias químicas y estímulos mecánicos. La información viaja principalmente por la división oftálmica del trigémino, conocida como V1, hacia el ganglio trigeminal y núcleos del tronco encefálico.

A partir de esta aferencia, interneuronas activan regiones relacionadas con el núcleo salivatorio superior, un centro parasimpático vinculado con la secreción lacrimal. Las fibras preganglionares del nervio facial recorren el nervio petroso mayor hacia el ganglio pterigopalatino. Posteriormente, fibras posganglionares acompañan ramas cigomática y lagrimal del trigémino hasta alcanzar la glándula.

La acetilcolina y el péptido intestinal vasoactivo, o VIP, activan células acinares, ductales y mioepiteliales. La estimulación simpática libera noradrenalina y neuropéptido Y. En el nivel celular, la acetilcolina puede activar receptores muscarínicos M3 y desencadenar una vía que involucra fosfolipasa C, IP3, diacilglicerol y liberación de calcio desde el retículo endoplásmico. El calcio y diversas cinasas contribuyen a regular exocitosis y transporte iónico.

VIP activa receptores asociados con adenilato ciclasa, AMPc y proteína cinasa A. En los conductos, esta señalización favorece la secreción luminal de cloro; los gradientes electroquímicos movilizan sodio y agua. Las proteínas se sintetizan en retículo endoplásmico, se procesan en el aparato de Golgi y se almacenan en gránulos antes de liberarse. La contracción de las células mioepiteliales ayuda a expulsar el fluido.

El llanto emocional utiliza la misma salida parasimpática facial como vía final, pero incorpora circuitos afectivos de corteza cingulada anterior, corteza prefrontal ventromedial, amígdala, hipotálamo y centros autonómicos del tronco encefálico. Por eso llorar no equivale únicamente a secretar fluido: un episodio puede incluir respiración, vocalización, expresión facial, actividad cardiovascular y componentes simpáticos y parasimpáticos.

Imagen. Recreación histológica de las porciones anatómicas del ojo

El posible valor evolutivo

La película lagrimal cumple funciones ópticas, mecánicas, metabólicas, inmunológicas y reparativas. Crea una superficie refractiva regular; cuando la película se rompe, la visión puede fluctuar. Disminuye la fricción entre párpados y superficie ocular, previene desecación y daño mecánico, abastece al epitelio corneal avascular y contribuye a retirar productos de desecho.

Además, arrastra partículas, alérgenos, toxinas y microorganismos. La defensa no depende de una sola proteína: integra barrido físico, lisozima, lactoferrina, lipocalina, inmunoglobulina A, defensinas y complemento. La inmunorregulación debe conservar un equilibrio delicado: proteger al ojo sin desencadenar una inflamación que comprometa la transparencia corneal. Factores tróficos y lípidos bioactivos también ayudan a la cicatrización y reparación.

Las lágrimas: mucho más que agua en los ojos Página 6

La función ancestral más sólida consiste en proteger una córnea expuesta al ambiente terrestre. Lubricación, limpieza y defensa favorecen la integridad del tejido y la calidad de la visión. La lacrimación refleja expulsa de manera rápida amenazas físicas o químicas, lo que constituye una ventaja directa para preservar la superficie ocular.

En el caso del llanto emocional, una de las hipótesis evolutivas más apoyadas propone que las lágrimas visibles hacen reconocible la vulnerabilidad, la necesidad de apoyo o el apego. Los observadores pueden percibir mayor necesidad de ayuda y responder de forma prosocial. El efecto depende de cultura, contexto y vínculo interpersonal, por lo que no debe considerarse una respuesta idéntica en todas las situaciones.

Existe también evidencia de quimioseñalización en condiciones específicas. Un estudio controlado reportó que oler lágrimas emocionales femeninas, sin percibir un olor consciente, redujo 43.7% una medida de agresión reactiva masculina y modificó redes cerebrales relacionadas con olfacción y agresión. Es un resultado relevante, pero no puede generalizarse todavía a todos los sexos, edades o contextos. La señalización interpersonal cuenta con un respaldo más consistente que una función universal de catarsis o depuración química.

Un intrincado elemento en la salud

La cantidad y calidad de las lágrimas proporcionan información sobre secreción acuosa, evaporación, función meibomiana, integridad epitelial, inflamación y control neural. Una producción reducida puede acompañar ojo seco acuodeficiente, síndrome de Sjögren, envejecimiento, uso de anticolinérgicos o daño neural. La evaporación aumentada puede relacionarse con disfunción meibomiana, parpadeo incompleto y ambiente. El lagrimeo excesivo, por otra parte, puede obedecer a irritación o bloqueo de drenaje y no garantiza una película lagrimal sana.

El ojo seco es una enfermedad multifactorial definida por pérdida de homeostasis de la película lagrimal, síntomas y participación de inestabilidad, hiperosmolaridad, inflamación, daño y anomalías neurosensoriales. Su evaluación debe integrar historia clínica, tiempo de ruptura, tinciones, volumen lagrimal, estado de glándulas de Meibomio y, cuando corresponde, osmolaridad o MMP-9.

La osmolaridad resume parcialmente el balance entre secreción y evaporación. Una elevación o una asimetría entre ambos ojos puede apoyar la existencia de pérdida de homeostasis, pero no determina la etiología. MMP-9 refleja actividad proteolítica e inflamatoria, aunque puede elevarse en diversas enfermedades de superficie. Una disminución de lactoferrina puede relacionarse con disfunción glandular y deficiencia acuosa. Ningún biomarcador debe interpretarse sin síntomas, exploración y conocimiento del método de recolección.

Las lágrimas reciben moléculas de los tejidos oculares y, en menor medida, de la circulación. Esta doble procedencia permite explorar enfermedad local y sistémica, pero dificulta asignar el tejido exacto del cual procede cada señal. Una diferencia promedio entre grupos de pacientes no constituye por sí misma una prueba diagnóstica individual.

La investigación lagrimal tiene especial fortaleza cuando se orienta a la superficie ocular y a la función lacrimal, porque la muestra se encuentra en contacto directo con esos tejidos. Las inferencias sobre enfermedad sistémica son prometedoras, pero deben ser más prudentes: una señal observada en lágrimas puede reflejar cambios locales, circulación, inflamación general o variaciones de la recolección.

Se han propuesto candidatos para síndrome de Sjögren, glaucoma, queratocono, retinopatía diabética, enfermedad de Alzheimer, Parkinson y cáncer de mama metastásico. En Sjögren se han explorado cocientes de MMP-9 y lactoferrina, catepsina S, lacritina, lipocalina-1, BAFF, AQP5 y anticuerpos anti-Ro/La. Para retinopatía diabética se han propuesto VEGF, citocinas, microARN y ARN mensajero vesicular. En enfermedades neurodegenerativas y cáncer se han descrito señales prometedoras, pero su aplicación continúa siendo exploratoria y no equivale a un tamizaje listo para uso rutinario.

Imagen. Desarrollo evolutivo de los ojos de los moluscos 

Las ómicas y las lágrimas

La proteómica es una de las capas ómicas más desarrolladas para estudiar lágrimas. Utiliza electroforesis, inmunoensayos y principalmente cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas para identificar proteínas, péptidos y modificaciones postraduccionales. La lágrima es una matriz atractiva por su accesibilidad, complejidad moderada y concentración de proteínas funcionales.

En enfermedad pueden disminuir proteínas secretoras de la glándula lagrimal y aumentar citocinas, proteasas, proteínas de estrés y material intracelular. En síndrome de Sjögren se han descrito una relación MMP-9/lactoferrina elevada y reducciones de lipocalina-1, lacritina y proteína inducible por prolactina. Sin embargo, el rendimiento de estos hallazgos depende de la normalización, la cohorte y el método de muestreo.

La transcriptómica analiza ARN libre o vesicular mediante herramientas como RT-qPCR, microarreglos, RNA-seq y secuenciación de ARN pequeño. El ARN lagrimal puede reflejar regulación en superficie ocular, glándulas, células inmunes y posiblemente estados sistémicos, pero el origen exacto suele ser difícil de asignar. Se han reportado cerca de 300 microARN en lágrimas, asociados en diferentes estudios con ojo seco, Sjögren, queratitis, conjuntivitis, glaucoma, retinopatía diabética, Alzheimer y cáncer de mama.

Algunos estudios de vesículas extracelulares en ojo seco han identificado decenas de miles de transcritos y diferencias entre grupos con película muy inestable y más estable. Sin embargo, cohortes muy pequeñas limitan la interpretación. Estos resultados deben considerarse candidatos de descubrimiento y no biomarcadores clínicos consolidados.

La epigenética comprende mecanismos que regulan expresión génica sin modificar la secuencia de ADN: metilación del ADN, modificaciones de histonas, organización de cromatina y ARN no codificante. En lágrimas, el componente más desarrollado corresponde a los microARN. Una firma de microARN no implica causalidad automática: puede ser consecuencia de enfermedad, respuesta compensatoria o efecto farmacológico. La epigenómica directa basada en ADN libre o nucleosomas modificados permanece incipiente

por el bajo ADN disponible, la mezcla de células de origen y la posible contaminación conjuntival.

La metabolómica mide aminoácidos, azúcares, ácidos orgánicos, nucleótidos, acilcarnitinas y mediadores lipídicos. La lipidómica caracteriza fosfolípidos, esfingolípidos, colesterol y lípidos meibomianos. Estas capas capturan procesos cercanos al fenotipo, como energía, oxidación, inflamación y membranas. Pero también son muy sensibles a dieta, ayuno, edad, fármacos, ambiente, evaporación y método de extracción.

Las vesículas extracelulares son particularmente interesantes porque pueden proteger ARN y otras cargas moleculares frente a degradación. Aun así, su aislamiento, cuantificación y clasificación por posible célula de origen siguen siendo retos técnicos. La disponibilidad de una señal no garantiza que su fuente, significado biológico o valor clínico estén establecidos.

Una estrategia multiómica podría integrar osmolaridad, MMP-9, proteínas secretoras, especies lipídicas y ARN para distinguir endofenotipos. La promesa es grande, pero la alta dimensionalidad aumenta el riesgo de sobreajuste si no existen cohortes grandes, independientes y bien caracterizadas.

La lágrima es un sistema bioquímico, neuroinmunológico y biomecánico regulado. Su fase mucoacuosa, glucocálix y capa lipídica trabajan en conjunto para proporcionar una superficie óptica adecuada, lubricación, nutrición, defensa y reparación. La secreción integra aferencias sensoriales y emocionales, circuitos trigémino-parasimpáticos y señalización celular basada en calcio y AMPc.

Las lágrimas basales, reflejas y psicoemocionales se distinguen sobre todo por el estímulo que las activa y por el flujo que producen; comparten una gran parte de la composición. La protección de la superficie ocular representa su función evolutiva más sólida. En el llanto emocional, la evidencia favorece una función de señalización social visible y, en contextos específicos, la posibilidad de quimioseñalización. La idea de que llorar elimina de manera sistémicamente relevante “toxinas del estrés” no está demostrada.

Las lágrimas ofrecen una oportunidad notable para la investigación. La proteómica es la capa más madura; la transcriptómica de microARN y vesículas extracelulares avanza con rapidez; la metabolómica y la lipidómica aportan una ventana hacia procesos funcionales; y la epigenómica directa todavía se encuentra en desarrollo. No obstante, el paso desde una asociación molecular hasta una prueba clínica exige protocolos armonizados, cohortes multicéntricas, validación externa y evidencia de utilidad para los pacientes.

El avance responsable de este campo dependerá de distinguir con claridad entre conocimiento fisiológico consolidado, marcadores que hoy tienen un papel clínico complementario y candidatos que aún pertenecen a la investigación. Esa distinción protege contra interpretaciones exageradas y permite que el potencial de la lágrima se traduzca, paso a paso, en herramientas realmente útiles.

La prudencia no disminuye el valor de la innovación; al contrario, permite ubicarla en su etapa correcta. Un biomarcador útil debe producir resultados reproducibles entre personas, operadores y laboratorios, mejorar decisiones clínicas y demostrar que aporta información por encima de la valoración habitual. Mientras esos requisitos se cumplen, las lágrimas siguen siendo una de las matrices más accesibles para comprender la biología de la superficie ocular.

También recuerda que las tecnologías ómicas producen gran cantidad de información, pero la cantidad de variables no reemplaza la calidad del diseño experimental. Recolectar muestras comparables, definir grupos clínicamente relevantes, controlar factores de confusión y validar resultados en poblaciones independientes son pasos indispensables para evitar conclusiones prematuras.

Así, la investigación puede avanzar desde asociaciones interesantes hacia aplicaciones seguras, interpretables y centradas en las necesidades de cada persona.

En la práctica, dolor ocular, fotofobia intensa, secreción purulenta, traumatismo, pérdida visual, ojo rojo persistente o lagrimeo unilateral continuo requieren valoración profesional. Los perfiles ómicos y los biomarcadores no sustituyen la exploración clínica. Comprender las lágrimas permite apreciar que un fluido aparentemente simple concentra una red compleja de mecanismos dedicados a preservar la visión y, en ocasiones, a expresar aquello que las palabras no alcanzan a comunicar.

Desde La Ciencia De Tus Ojos manifestamos que ninguno de nuestros contenidos tiene la intención de ofender o señalar a nadie, así mismo le exhortamos a acudir con especialistas del área de la salud si usted presenta algún molestia o enfermedad.

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